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EL CAPITALISMO. UN SISTEMA QUE SE AUTODESTRUYE



               Un sistema que se autodestruye
Las bolsas chinas han conmocionado los mercados bursátiles del mundo. Otra vez. Con pérdidas muy superiores a lo ganado en 2015. Se desató un temor generalizado y la inestabilidad campa en los mercados financieros del mundo. Wall Street sufrió uno de los peores inicios de año de su historia y en España, el Ibex 35 tuvo la peor semana financiera de un año nuevo y sigue.

En las bolsas, el pronóstico es que mayoritariamente tendrán pérdidas durante meses. En España, la inseguridad bursátil puede perjudicar a grandes empresas, como Repsol o entidades bancarias como La Caixa y Bankia. Mientras los llamados países emergentes y algunas economías sólidas (Alemania, Australia…) ven reducidos sus buenos resultados hasta llegar a situaciones preocupantes en algunos casos. Caen el precio del petróleo y de las materias primas… ¿Habrá una nueva crisis que se cuece a marchas forzadas?

En Europa, Stiglitz ya denunció que la eurozona “tenía que unir a la gente, pero divide a los países. Tenía que aportar prosperidad y unión, pero hay recesión y desastre económico”. La persistente y nociva austeridad mantiene el continente en crisis, sin olvidar que el pueblo trabajador, los asalariados precarios, los pensionistas empobrecidos, los desempleados que no cesan… lo pasan mal. Y cada vez son más quienes se incorporan a la legión precaria de incertidumbre y sufrimiento. La obscena obsesión por preservar los intereses del sector financiero, motivo real de la austeridad impuesta en Europa, crea una situación tan demencial como la de alguien que tuviera una gallina que pusiera huevos de oro y se la comiera. Además, el Banco Mundial rebaja las previsiones de crecimiento mundial y el FMI hace tiempo solo expresa vaticinios pesimistas. Este sistema no tira.

Marx tenía razón. El capitalismo puede destruirse a sí mismo, pues no puede haber constante absorción de rentas del trabajo por el capital sin crear rebaja de demanda. Cabe empezar a pensar, como cuentan algunos thriller, que el capitalismo es como un poderoso ingenio en cuyo interior hay un mecanismo de auto destrucción. Los últimos días de 2015 y primeros de 2016 ¿son anticipo de lo que puede pasar de seguir el caótico rumbo del neoliberalismo?

Habrá que concluir entonces que el capitalismo no tiene remedio. Hay que sustituirlo. El capitalismo tiene un grave conflicto y solo se le ocurre ahondarlo. Porque ha perdido el control. No renuncia al crecimiento como fórmula ‘mágica’ (que no es tal) porque no puede. Es el motor de sus beneficios. Pero el crecimiento tampoco llega, además de no ser buena salida porque se carga la única Tierra que tenemos. Como demuestra la ausencia de acuerdos del COP21 para frenar el cambio climático.

Como explica David Harvey, el capital quizás funcione indefinidamente, pero degrada y degradará más el planeta, empobrece y empobrecerá aún más a la gente con un aumento espectacular de desigualdades sociales que ya sufrimos, mientras una pseudodemocracia totalitaria, que empieza, controlará a la ciudadanía. En la Unión Europea, por ejemplo, con mandatarios que se conducen como capos de la mafia. Recuerden el trato dado a Grecia.

Pedro Angosto expresa claramente que “el objetivo del capitalismo, por mucho que sus turiferarios lo digan, no es el bienestar de los individuos en una sociedad equilibrada, sino obtener el máximo beneficio para unos pocos a costa de explotar a la mayoría y destrozar la Naturaleza”.

¿Aceptamos que el sistema se destruya y con él nuestro mundo? No es lamentación estéril, sino alarmada llamada de atención. Reconocer el problema es condición imprescindible para resolverlo. Solo sabiendo qué ocurre y por qué, podremos afrontar la inacabable crisis del sistema y sus consecuencias.

Sustituir el capitalismo no es tarea fácil, pero tampoco imposible. Una clave es reemplazar los principios y valores que lo sostienen: individualismo, competitividad, beneficio, ostentación, lujo… Y cambiarlos por solidaridad, colaboración, cooperación, atender necesidades y respetar derechos. Con principios capitalistas, no lo eliminaremos. Si conservamos su modelo de consumo, por ejemplo, exponencial, ostentoso, competitivo e innecesario, hay capitalismo para rato. Es necesario ponerse a la tarea, porque lo que no resuelva la gente, nadie lo resolverá.



Xavier Caño Tamayo
Periodista y escritor
Twitter: @xcanotamayo
Artìculo tomado de:http://ccs.org.es/. La imagen se agregò de Google.

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